Sunday, July 05, 2015

The storm

Hoy hace un mes de la última vez que nos vimos, que fue justamente 37 años después de la primera vez que estuvimos cara a cara (porque ya nos conocíamos de antes).

También hace tres días que ya no estás en forma física, aunque sé que estás conmigo todo el tiempo.

Yo que saco fotos de todo y todos, justamente no tengo un retrato de nuestras últimas horas juntas. Ni siquiera viniste a despedirnos a Ezeiza: había poco lugar en el auto y te repetí que no era necesario. Además nos íbamos a volver a ver pronto.

Tampoco nos sacamos "la foto familiar", como vos querías, gracias a la gastroenteritis que afectó a casi todos los miembros del clan en algún momento de mi estadía y al llanto casi constante de Lucía. Nos lamentamos por un momento pero decidimos dejarlo para la próxima.

La última foto familiar, durante el bautismo de Lucía.
Luján, 24.11.2013
Muchas, muchísimas de mis fotos eran para vos. Desde que emigré quise que vieras el mundo a través de mis ojos: cada lugar al que viajamos, cada momento cotidiano, todo necesitaba ser documentado y compartido, primero por mail, después por Flickr, más tarde Facebook y en los meses más recientes desde que tenías un teléfono más canchero, se había sumado WhatsApp. De hecho, Glen me regaló mi primera cámara digital para la Navidad del 2003, con el fin de facilitarme la tarea.

Un amigo me dijo una vez que mi vida era "un reality", cosa que en el momento no me cayó muy bien... pero si así lo era, en parte era porque vos eras mi espectadora. Ahora te siento conmigo, te hablo y te muestro el mundo a través de mis ojos. Glen me pidió que no deje de sacar fotos y les sigo diciendo a las chicas que las fotos son para abuelita.

Inés ayer me dio la gran alegría de haber encontrado un video de Argentina en su reloj (que tiene cámara) en el que no sólo puedo escuchar tu voz, sino que además le estás diciendo "te amo". Escucharte decirlo me da más fuerza para seguir adelante, porque creo que también me lo estás diciendo a mí.

Leí que en casos de pérdida, a veces ayuda escribirle a la persona. A vos te encantaba que me desahogara en el blog y más de una vez me pediste que no lo cerrara, así que esta nueva etapa de mi reality la estoy continuando por acá. Para vos mami, con todo mi amor.

Friday, July 03, 2015

The saddest day ever

Anoche dormí de a ratos. En la primera de mis tres siestas te soñé. Sin dolor, sin despedidas, sólo estábamos compartiendo un momento cotidiano en Buenos Aires.


Estábamos sacando la ropa del tender, charlando mientras la doblábamos. Me pediste que te separara el camisón rosa para la siesta y yo te hablé de la tormenta que se venía. 

Al despertarme sentí paz. Paz porque te había visto una vez más, te había robado un momentito más. Te sentí bien, plena, como cuando nos vimos por última vez en persona, el día de mi cumple.

Tantas veces nos despedimos con mares de lágrimas, tantas veces sentí culpa por quitarte la posibilidad de compartir momentos con tus nietas y verlas crecer. La última vez no fue así: te vi bien, feliz de haberte jubilado en mayo, más delgada, con más energía, haciendo planes. Querías venir a visitarme el año que viene y me fui con la certeza de que así sería.

Y la llamada esa que temí durante 16 años llegó, pero yo no estaba. Glen tuvo que venir a buscarme al trabajo y darme la peor noticia que me podría haber dado, la que yo menos quería escuchar. "Murió tu mamá", me dijo al salir de la oficina. Me lo tuvo que repetir varias veces porque no lo podía creer. Aún no lo creo.

"¡¿Pero si estábamos hablando por WhatsApp hace un ratito?!", le dije, sorprendida. Te había mandado una foto de mi pollera nueva para que la vieras y te había gustado. Así como de la nada, sentada frente a la compu como tantas otras mañanas, se apagó tu vida. Rápido y sin dolor, como siempre deseaste que fuera. No querías que nosotras tuviéramos que presenciar tu deterioro en manos de alguna enfermedad larga como vos lo habías hecho con tus padres.

Tanto te quedaba por hacer, tantos proyectos sin terminar. Ni dos meses para disfrutar de tu tiempo libre tuviste.

Así de feliz quiero recordarte
Doy gracias a Dios por haberte visto hace cuatro semanas y darme la oportunidad de abrazarte y acariciarte una vez más. Voy a extrañar tu voz en el teléfono y volver a Buenos Aires va a ser sumamente extraño sin vos.

No sé cómo se sobrevive con este dolor, con este vacío inmenso que siento en el pecho y no me deja ni respirar. Pero yo escribo, y vos eras mi lectora más fiel. Si en el cielo hay internet, vas a poder ver una vez más cuánto te amo.

Pili me dijo que ella quería que te vistieran pero te pusieron un camisón con flores rosas. Te fuiste a dormir la siesta, y la tormenta se nos vino a nosotros, los que quedamos: tu marido que te amó profundamente, aunque a veces le cueste demostrar sus sentimientos, durante casi 40 años; tus hijas, las dos mayores que tenemos nuestras respectivas familias y la menor que vivía con vos y era tu compinche y compañera; y tus tres nietas. Inés tuvo su primera pérdida, confundida entre llanto y gritos de "yo quiero a mi abuelita", me pidió el Skype de Jesús en el cielo para verte una vez más y rezó para que pronto nos volvamos a encontrar.

Por ahora no me queda otra alternativa que conformarme con soñarte. Nunca dejes de visitarme. Te amo mami, y cuando tuve a mis propias hijas pude entender la magnitud de tu amor por nosotras.

Mami, 28.10.1950 - 02.07.2015
Siempre en mi memoria y en mi corazón

Saturday, September 07, 2013

Decade

Un domingo de 2003 le mandé un texto diciéndole que necesitaba escapar. Aún vivía en la casa de mi ex y, desde que le había pedido de divorciarnos, el clima era demasiado tenso para quedarme. 


Nos encontramos en la estación de subte de Mile End. Recuerdo verlo parado en la plataforma, con sus anteojos, su camisa escocesa manga corta, sus jeans, sus zapatos marrones y su bolso. Lo miré desde el tren en el que iba y le sonreí. Cómo me gustaba su carita de bueno. Me bajé y juntos fuimos a Notting Hill, yo no conocía esa zona. 

Caminamos por Portobello Road y paramos a tomar un café. Allí, sentados en un sofá de cuero y con Norah Jones de fondo, me dijo que quería probar de tener una relación conmigo. 

Una década después llevamos dos años de casados y nos unen dos hijas. ¿Quién hubiera pensado que un chico de Liverpool y una chica de Buenos Aires tendrían tanto en común? Feliz aniversario mi amor, brindo por muchas décadas más juntos. 

Thursday, May 23, 2013

Orange

Ya hace más de un año que Marta falleció. Mi madrina del corazón se fue después de una lucha larguísima contra el cáncer antes de que Lucía llegara.

Cuando fuimos a Argentina el mes pasado la extrañé más que nunca. Me sensibilizaba saber que ya no iba a cruzármela de casualidad caminando por Corrientes.

Hace algunos días soñé con ella vestida de naranja. Anoche la volví a soñar, con un chalequito de ese mismo color. En mi último sueño la abrazaba, aunque yo era consciente de que no era ella, sino su espíritu. Le pedía que descansara en paz, que yo sabía que no habíamos podido despedirnos pero no importaba. No me desperté angustiada como las veces anteriores.

Si el naranja es realmente sanador, espero que ella haya encontrado su nirvana. ¿Será casualidad que, buscando una foto suya, haya encontrado una en la que estaba vestida de ese color?

Sunday, December 02, 2012

My perfect family

Y llegó el día, el día en que desalojábamos a bebé de mi panza. Después de 3 semanas de dolor, esperaba el momento con ansias.

La noche anterior estaba nerviosa. Pensaba muchas cosas a la vez, repasaba lo que me faltaba hacer, hacía listas mentales y otras reales... Finalmente dormí unas horas y madrugué cuando llegó el miércoles.

Tenía que estar en el hospital a las 7:30, mi taxi se demoró y llegué con los minutos contados. Pili me acompañó y Glen nos siguió en el auto después de dejarla a Inés en la guardería.

Me llevaron a la sala, a mi cama, y me dijeron que ahí tenía que esperar para ver al anestesista y a la partera. Vinieron varias personas y me explicaron cómo serían los acontecimientos y cuáles eran sus funciones. Ya empezaba a notar las diferencias entre la cesárea de emergencia y la programada.

Pasaron varias horas y bebé se movía en mi panza. Teníamos hambre, estábamos en ayunas (ni agua podíamos tomar) desde la noche anterior. Llegó el mediodía y aún nada, hasta que a eso de las 13 me vinieron a buscar.

Glen y yo seguimos a la partera a otra parte de la maternidad. Allí nos explicaron algunas cosas más y me llevaron al quirófano. Glen me siguió más tarde.

Muchas personas se presentaron y me dijeron sus roles, explicándome los hechos a cada paso. Primero el frío en la espalda, el suero en la mano, la anestesia local, etc. Me cambiaron de posición y pusieron la cortina azul entre mi cara y el resto de mi cuerpo a la altura del pecho. Glen vino y se sentó a mi lado.

Tardaron un poco más que con Inés, pero a las 13:40 del 28 de noviembre salió nuestro bebé a conocer el mundo. Nos mostraron y, para mi sorpresa, ¡era otra nena! Bebé era Lucía.


En la sala de recuperación pude abrazarla por primera vez. Qué felicidad tenerla en mis brazos, besarla y acariciarla. Mi gordota pesa 3,525 kg y mide 52 cms.


Durante el embarazo, Glen decía que si teníamos un varón iba a ser la "familia perfecta", pero yo siempre le decía que mi familia perfecta eran dos nenas. Hay cosas en la vida que están fuera de nuestro control y me siento sumamente afortunada de tener la familia que siempre deseé junto a mi marido que es un sol.

Sunday, November 18, 2012

Frank Breech

Parece que fuera a hablar de un señor, con nombre y apellido, pero este post es sobre la posición en la que se encuentra mi bebé, que curiosamente es la misma en la que estaba Inés.

Digo curiosamente porque sólo un 3% de los bebés en término llegan así, de cola. Y de ese porcentaje, un 50-70% tienen las piernas extendidas, como en el dibujo:





El diagnóstico a tiempo es importante por una serie de motivos. En algunos casos, es posible rotar al bebé y ayudarlo a que asuma la posición ideal (cabeza abajo), pero en los casos como el mío hay que tomar ciertas precauciones.

Cuando yo estaba embarazada de Inés no sabía nada de esto*. El porcentaje es tan bajo que ni en las 8 semanas de curso preparto se mencionó la posibilidad de que el bebé no viniera de cabeza. Cuando mi partera me dijo que la cabeza había bajado, alrededor de las 36-37 semanas, todo el mundo asumió que era eso lo que yo sentía entre mi pelvis.

No puedo culpar a una sóla partera de un diagnóstico erróneo, ya que en el hospital me vieron muchas y hasta un obstetra se animó a asegurar que era la cabeza lo que él palpaba. Nadie, hasta que "mi ángel de la guarda" Marion lo descubrió justo al final, se imaginó que mi bebé podía estar de cola.

Tener un parto vaginal en este caso no es imposible, pero es mucho más difícil y trae riesgos adicionales (no voy a entrar en detalles porque es muy deprimente). En mi situación actual, como yo ya tuve una cesárea con Inés (y por el mismo motivo), ni vale la pena arriesgarse. Además, la obstetra cree que es posible que mi pelvis no esté diseñada para alojar cabezas y es por eso que ambos bebés se sienten cómodos así.

Supongo que si Inés hubiera nacido en Argentina las cosas hubieran sido diferentes, porque allá hacen muchas, quizás demasiadas, ecografías. En esta isla donde la última vez que ves a tu bebé in utero es a las 20 semanas de gestación, es sumamente importante estar en sintonía con tu propio cuerpo.

Para una madre primeriza supongo que es casi imposible detectar la posición del bebé, y creo que muy pocas mujeres tendrían el coraje de contradecir a una partera experimentada en un caso así. Yo, que tengo poco de tímida, no me hubiera sentido capaz de hacerlo. En este caso, siendo mi segundo embarazo, yo tuve la sensación de que mi bebé venía de cola y defendí mi idea hasta que la ecografía lo confirmó. ¿Cómo lo supe? Este bebé siempre fue más activo que Inés, pero sus movimientos son casi idénticos: yo nunca vi un codo, una rodilla o un pie asomándose, lo único que veo es una olita, un movimiento sutil de izquierda a derecha y vice versa. Es la cabeza de mi bebé que se desplaza debajo de mis costillas.

Cuando estuve internada la semana pasada los médicos y las parteras me presentaban como "breech lady". Noté una diferencia en el trato, y fue ahí donde me pregunté qué era tan distinto. Ahora sé que si rompo bolsa en casa debo llamarlos para que me manden una ambulancia, por ejemplo, y que no habrá una inducción. Ahora siento que todo estará bajo control y esto me da un cierto grado de paz entre tanta incertidumbre.

* Inés nació con los tobillos a la altura de las orejas y durante algunos meses sus piernas volvían a estar elevadas como si tuviera un resorte en las caderas. Le hicieron unos estudios poco después de nacer para confirmar que sus caderas estaban bien porque es un problema común entre los nacidos en este posición.

Wednesday, November 14, 2012

Anxious & Scared

No tengo ganas de hablar, a decir verdad, pero me dieron ganas de hacerlo por acá, después de tanto tiempo de silencio.

El martes pasado cumplí la semana 36 de gestación, lo que significa que el bebé en mi panza está casi listo para salir. Casi. Ese mismo día pensé que había roto bolsa (me ahorro los detalles) y fuimos al hospital. Si bien fue una falsa alarma, algo sucedió porque desencadenó lo que en este país se conoce como slow labour.

Con Inés esa etapa duró una semana exacta: cumplidos los siete días, rompí bolsa (sin duda alguna), fuimos al hospital y 30 eternas horas después conocimos a nuestra hija... y nuestra vida cambió para siempre.

En este caso, los últimos ocho días han ido de más o menos a bastante malos y ayer volvimos al hospital por tercera vez en una semana. Aclaro que yo ya sé cómo se manejan en estos casos y acudo al hospital sólo cuando lo considero imprescindible y después de haber llamado por teléfono a una partera un par de veces para asegurarme de que la solución no es "tomarse dos paracetamol y descansar".

Ayer estaba con mucho dolor, fue el día más doloroso en este embarazo sin dudas. Contracciones, aunque no muy regulares, acidez, dolores varios, ganas de pujar... todo junto. Me torcía de dolor y aullaba, bien primitivo lo mío. Así que Glen llamó y fuimos. Me había tomado una codeína y empezó a hacer efecto en el camino, para cuando llegué al hospital ya estaba mejor pero seguía con dolores. Me monitorearon durante un par de horas y decidieron que me iban a dejar internada con la posibilidad de hacerme una cesárea hoy (que justo es el cumple de mi cuñada).

Ah, si, un dato importante es que este bebé también viene de cola, sospecha que yo tenía desde hace unas semanas y fue confirmada con una eco el martes pasado y una más ayer. Parece que mi pelvis no admite cabezas porque ambos embarazos han sido en esta posición. Así que no tengo más la alternativa de un parto natural y vamos derechito al quirófano cuando llegue el momento.

Ayer se cumplía mi semana 37, momento en el que, según todas las páginas de maternidad, la criaturita está en fecha. Lo que yo no entendía, hasta anoche, es que los pulomones hacen un último esfuerzo cuando el bebé pasa por el canal de nacimiento en un parto normal, cosa que ya sabemos que mi bebé no va a hacer. Por lo tanto, lo de la semana 37 no es aplicable a los casos en que nacen por cesárea. Los médicos creen que si el bebé naciera ahora existe la posibilidad de que tenga problemas respiratiorios, por lo que me inyectaron esteroides para ayudar a los pulmones del bebé a madurar lo antes posible.

Anoche pasé una mala noche. Odio estar en el hospital: la comida, el calor, el ruido constante, las luces, las salas con camas múltiples, las vecinas... Gracias si llegué a dormir tres horas. Además, tenía una sensación tan extraña, una mezcla de ansiedad extrema por conocer al bebé, saber qué es, poder darle un nombre, compartir la noticia con Inés (y el resto del mundo) que espera con tanto amor... Pero por el otro lado tenía mucho miedo, miedo de que mi bebé no esté del todo cocinado y que salga antes de tiempo. Ya aguanté tantos meses, ¿qué me hacen un par de semanitas más? Además, si bien una cesárea es una intervención que se hace decenas de veces por día en ese mismo hospital, no deja de ser una operación. Un nacimiento en sí es un riesgo y me preocupa pensar en la minúscula posibilidad de no poder disfrutar de mis hijos y de Glen.

Hoy estoy muy cansada y malhumorada, supongo que es por eso también que prefiero hablar con el blog que con la gente directamente.

A pesar de esto estuve mucho mejor y cuando la doctora me pregunto al mediodía si quería volver a casa mi respuesta fue un sí enorme y hasta con sonrisa, siempre y cuando no afectara al bebé. Así que me controlaron durante el día y cuando llegaron mis amores en el horario de visitas (¡cómo los había extrañado!) pudimos volver a casa juntos en familia. De tres, por ahora. Como le dije a Glen, fue nuestro dress rehearsal.

Por un lado no quería contarle a todo el mundo que estaba camino al hospital, porque genero expectativas en los demás y en mí misma. Además recuerdo que me molestaba mucho cuando estaba en la recta final con Inés y tenía mensajes a diario (y en algunos casos de las mismas personas) preguntando si ya había nacido. Ella se pasó nueve días, nueve larguísimos días, en los que yo estaba que explotaba y que caminaba por las paredes.... cada mensaje me ponía de peor humor; convengamos que no soy tímida ni calladita y ¡era más que obvio que cuando naciera mi hija lo iba a comunicar a los cuatro vientos y en dos idiomas! En ese momento me dí cuenta de lo densa que había sido con otras embarazadas y cambié mi actitud: ya no las atosigo más por más que me muera de ganas de recibir un parte diario.

Esta vez pensé en ser más discreta y sólo informamos a la familia cercana (padres y hermanas), pero al final tuve que contar porque la gente se interesa, hace preguntas y tampoco me da por mentir, especialmente cuando nace de las buenas intenciones de los demás. Eso ya es mucho. Lo que si les pido, amigos y familiares (si leen esto), es que me tengan paciencia, como diría El Chavo. Si me mandan un mail y me cuelgo, si me escriben por Facebook/WhatsApp/texto/paloma mensajera y no les respondo de inmediato, les ruego comprensión. Todos los días no son iguales y a veces, sinceramente, no tengo tantas ganas de hablar.

Y quédense más que tranquilos que cuando haya algo para contar, se van a enterar. Y habrá fotos, quizás (seguramente) demasiadas.